Dedicado a
las exquisitas excepciones.
En este pequeño espacio, un
escudo nacional mexicano.
En la parte superior del mismo,
a manera de semicírculo
naciente al extremo de la rama
de encino, y terminando en
la de laurel, esta leyenda:
“VAMOS A, DEBEMOS DE,
TENEMOS QUE”.
NOTA ACLARATORIA: Si eres mexicano, de verdad lo siento pero te resultará imposible otorgarle credibilidad a lo que a continuación escribiré. La razón es simple: yo también soy mexicano.
“Desde niño, al ver una fotografía antigua; la frazada arrugada sobre la silla, al despertarse sobre su perfil izquierdo; o esa sombra del alargado árbol en otoño, escurrida en la lóbrega pared, él descubría, luego de recorrer con su mirada la escena completa, sin análisis ni contemplación, lo mismo el detalle profundamente dantesco o ideaba la figura rugosa en tres dimensiones que nadie más era capaz de descifrar en su ceguera; ni siquiera en un dibujo a lapicera en el abstracto de su verdadera interpretación cotidiana.
Inamovible cotidianeidad a su alrededor hasta el día de hoy en que, al fin, comenzará la segunda parte de la hipótesis: la vida que siempre se le ha escabullido por la puerta de atrás como el humo de este último cigarro Delicado consumiéndose melancólico en un cenicero llegado un año atrás desde Valparaíso.”
Cualquier tema que tenga que ver con la ciencia, al dominarse, se convierte en algo libremente razonable, tal vez apasionado. Con el espíritu –sin sensualidades ni religiones clavadas en él. Nada que lo perturbe; el espíritu en sí-, el apasionamiento es el que se desborda desde un inicio hasta que la razón es desafiada y logra subir otro nivel, desconocido.
En este mismo sentido, lo que suele llamarse “experiencia” puede brotar o enriquecerse solamente por medio de una emoción; interpretándose a la vez en ella; sin tener relación directa el transcurrir del tiempo o la práctica repetitiva, lineal, para lograr dicho experimento, que sólo logran entorpecer lo que en un inicio fue ensayo irrepetible. Mientras más profunda sea una emoción, aislada, más experimentada se sentirá la persona.
las exquisitas excepciones.
En este pequeño espacio, un
escudo nacional mexicano.
En la parte superior del mismo,
a manera de semicírculo
naciente al extremo de la rama
de encino, y terminando en
la de laurel, esta leyenda:
“VAMOS A, DEBEMOS DE,
TENEMOS QUE”.
NOTA ACLARATORIA: Si eres mexicano, de verdad lo siento pero te resultará imposible otorgarle credibilidad a lo que a continuación escribiré. La razón es simple: yo también soy mexicano.
“Desde niño, al ver una fotografía antigua; la frazada arrugada sobre la silla, al despertarse sobre su perfil izquierdo; o esa sombra del alargado árbol en otoño, escurrida en la lóbrega pared, él descubría, luego de recorrer con su mirada la escena completa, sin análisis ni contemplación, lo mismo el detalle profundamente dantesco o ideaba la figura rugosa en tres dimensiones que nadie más era capaz de descifrar en su ceguera; ni siquiera en un dibujo a lapicera en el abstracto de su verdadera interpretación cotidiana.
Inamovible cotidianeidad a su alrededor hasta el día de hoy en que, al fin, comenzará la segunda parte de la hipótesis: la vida que siempre se le ha escabullido por la puerta de atrás como el humo de este último cigarro Delicado consumiéndose melancólico en un cenicero llegado un año atrás desde Valparaíso.”
Cualquier tema que tenga que ver con la ciencia, al dominarse, se convierte en algo libremente razonable, tal vez apasionado. Con el espíritu –sin sensualidades ni religiones clavadas en él. Nada que lo perturbe; el espíritu en sí-, el apasionamiento es el que se desborda desde un inicio hasta que la razón es desafiada y logra subir otro nivel, desconocido.
En este mismo sentido, lo que suele llamarse “experiencia” puede brotar o enriquecerse solamente por medio de una emoción; interpretándose a la vez en ella; sin tener relación directa el transcurrir del tiempo o la práctica repetitiva, lineal, para lograr dicho experimento, que sólo logran entorpecer lo que en un inicio fue ensayo irrepetible. Mientras más profunda sea una emoción, aislada, más experimentada se sentirá la persona.